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De
la sociedad mediática a la sociedad del conocimiento:
escenarios latinoamericanos
José
Marques de Melo
Fonte:
Media Development 60 (2), Londres, World Association
for Christian Comunication, 2004, p. 39 - 44 ISSN 0143-5558
Reflexionar sobre el impacto de la globalización
en América Latina, teniendo como moldura los escenarios
culturales, particularmente aquellos pertenecientes al universo
de la comunicación, constituye un ejercicio intelectual
que exige una preliminar contextualización histórica.
De esta forma es indispensable retomar la tesis que hemos
defendido en otros territorios y en otras ocasiones,1 en el
sentido de que el fenómeno corriente de la interacción
planetaria,2 afirmado por los economistas como global neighborhood,3
que los comunicólogos prefieren llamar de comunication-monde,4
pero también ha sido rotulado como glocalización
por los culturalistas,5 no puede ser considerado exclusivamente
como señal de la post modernidad.6
Él representa,
en verdad, la culminación de un proceso desencadenado
hace más de 500 anõs. Su inicio se remonta al
ciclo de las navegaciones europeas, enviadas con propósitos
civilizatorios o evangelizadores, pero sin duda destinadas
a hacer avanzar las fronteras económicas de las potencias
coloniales del Viejo Mundo . De la misma forma, los movimientos
contemporáneos protagonizados por la generación
de los cibernautas están fundamentados en finalidades
altruístas o pacifistas, pero no logran disimular la
competencia entre las potencias hegemónicas del Nuevo
Mundo, también fascinadas por el dominio de los mercados,
próximos o distantes.
Las dos coyunturas
están debilitadas por factores de la naturaleza comunicacional,
que componen los respectivos moldes culturales, al mismo tiempo
que funcionan como elementos estratégicos para arrojar
sus proyectos hegemónicos. En el siglo XV el aparato
emergente era la imprenta, configurando la Galaxia de Gutenberg.8
Por su parte, en el siglo XXI, la internet aparece como el
ancla de un sistema multimidiático, respaldando la
Galaxia de Bill Gates.9
Para situar América
Latina en ese enmarañado estructural-coyuntural vamos
recurrir a un artificio metodológico de tipo comparativo,
sobreponiendo tiempo y espacio, cotejando general y particular,
mezclando pragmatismo y utopía.
Pretendemos trazar un cuadro panorámico del desarrollo
cultural en el continente americano, privilegiando naturalmente
la fisonomía regional ibérica, en una perspectiva
diacrónica, aún cuando la focalización
sincrónica se atenga al sector brasileño, en
relación al cual disponemos de parámetros capaces
de expresión simplificada.
Estigmas del pasado10.
Desde que se constituyeron como estados políticamente
autónomos, en los inicios del siglo XIX, las naciones
latinoamericanas se fueron desarrollando intelectualmente
bajo el estigma de la exclusión comunicacional.11 Tal
hecho reproducía en gran escala el modelo de sociedad
cultivado por el régimen colonial, tanto bajo la dirección
de los castellanos como de los lusitanos, teniendo continuidad
durante el régimen independiente, bajo el comando de
las oligarquías criollas.
No obstante contando
con medios impresos de comunicación gobernados por
la doctrina de la libertad de expresión y pensamiento,
las repúblicas hispanoamericanas y el imperio lusobrasileño
consolidaron modelos informativos construidos como privilegios
de las elites. Considerando que los grandes contingentes de
las poblaciones nacionales eran formados por trabajadores
iletrados, libres o esclavos, viviendo en el campo o en las
ciudades, los medios impresos de comunicación (libros,
revistas y periódicos) se convirtieron históricamente
en espacio disfrutado apenas por las clases superiores, incluyendo
las camadas medias beneficiadas por los conocimientos adquiridos
en la escuela.
Se trata de panorama contrastante con aquel que funcionó
en los territorios de colonización angloamericana.
En ellos predominó, no apenas un padrón diverso
de sociedad, en gran parte construido por el voluntarismo
típico de los disidentes religiosos, pero sobretodo
por una postura civilizatória robustecida por la creencia
utópica en la educación. Esto garantizó,
desde temprano, el funcionamiento de escuelas, bibliotecas,
imprentas y otros mecanismos destinados a fomentar la circulación
de novedades, conocimientos o ideas.
De esta manera,
fue posible a estas colonias europeas, localizadas en el norte
de América, a través de la inclusión
comunicacional, unificar estrategias precoces de liberación
del yugo colonial, ejercitando formas de gobierno sintonizadas
con los preceptos de la democracia representativa. Para ello,
fue necesario fortalecer redes mediáticas, con la función
de integrar políticamente las comunidades unificadas,
pero también vocacionadas para asimilar culturalmente
los inmigrantes procedentes de varias partes del mundo, cuya
fuerza de trabajo convirtió a las jóvenes naciones
anglófonas en potencias económicas.
La situación
intelectual de las naciones latinoamericanas comenzaría
a ser modificada solamente en el siglo XX, a través
de las políticas públicas destinadas a la universalización
del sistema educacional. Adoptadas en pocos países,
ellas alcanzaron preferencialmente a las poblaciones residentes
en los centros metropolitanos. El proceso de reducción
de la marginalidad comunicacional de las grandes masas sudamericanas
apenas sería alterado con el incremento de las tecnologías
electrónicas de difusión simbólica.
La expansión
de la radio (a partir de los años 30) y el desenvolvimiento
de la televisión (a partir de los años 50) ofrecen
oportunidades para la mejora del apetito cognitivo de las
poblaciones económicamente activas. Hasta los sectores
analfabetos serían promovidos a la condición
de consumidores culturales de los productos sonoros o audiovisuales
diseminados por redes abiertas, accesibles a bajo costo.
Estamos ingresando
al siglo XXI, pudiendo celebrar, en la geografía americana,
cinco siglos de institucionalización mediática.
Aún así, el mapa de la exclusión comunicacional
permanece substancialmente inalterado de México a la
Patagonia. Continúan en vigencia panoramas caracterizados
por el pauperismo cultural de las grandes masas. Ellas están
generalmente distanciadas o fueron precozmente expulsadas
de las redes educativas formales.
Los mayores contingentes
humanos de América Latina se nutren de conocimientos
efímeros, fragmentados y superficiales solamente propiciados
por las ‘escuelas paralelas’ que brotan de las
redes mediáticas. Engrosando la categoría de
los ciudadanos de segunda clase, ellos se hacen inapetentes
o impotentes en el sentido de actuar como sujetos democráticos
de su propia historia.
Transformar esa
realidad injusta constituye el mayor enigma de los estudiosos
de los medios masivos en nuestras sociedades.
Por eso mismo
pretendemos hacer algunas reflexiones tomando como referencia
los datos singulares que componen el perfíl cultural-mediático
de la sociedad brasileña. Eso puede parecer un ejercicio
reduccionista, pero nuestra intención no es otra sino
esbozar parámetros comparativos, suscitando análisis
semejantes en otros países latinoamericanos.
Dilemas del presente12
Aún cuando Brasil inicia el nuevo siglo viviendo una
de las más vigorosas prácticas de la libertad
de prensa, lamentablemente debemos reconocer que ella constituye
un privilegio de las elites nacionales. Los grandes contingentes
de nuestra población permanecen al margen de la libertad
constitucional. Dejan de beneficiarse tanto de la prerrogativa
de la libre expresión como del derecho a tener acceso
a la información que los habilita para la plena ciudadanía
y consecuentemente a la participación integral en la
vida democrática.
Testimoniamos
la continuidad de aquel fenómeno caracterizado como
exclusión comunicacional. No se trata de una situación
peculiar a Brasil, esto también es perceptible en un
gran número de países. Justamente aquellos que
aún no lograron construir democracias estables. Donde
todos los ciudadanos puedan participar de los beneficios de
la modernidad.
Se trata de la
persistencia de aquella cultura del silencio a la que se refirió
Paulo Freire cuando diagnosticaba el mutismo de la población
brasileña durante el período colonial.13 Situación
que se proyectara sobre el Brasil independiente, prolongándose
hasta mediados del siglo pasado, agravándose por la
herida del analfabetismo.
Sin manejar el código alfabético, sin saber
leer, contar y escribir, la mayoría de nuestra población
permaneció casi muda, por la falta educacional y por
la inhibición cultural a la que fue sometida por nuestras
elites dirigentes.
Al ingresar al
siglo XXI, Brasil sufre de un mal endémico. Su prensa
permanece restricta a un sector minoritario de la sociedad.
Es reducido el número de brasileños que son
lectores regulares de libros, revistas o periódicos,
cuando comparados a los estadounidenses, canadienses, ingleses,
franceses, argentinos o chilenos.
Adquiere características singulares la crisis nacional
de la lectura de los periódicos. La expansión
de los tirajes diarios se muestra absolutamente descompasada
con el ritmo del incremento demográfico.
En la década
de 50 del siglo XX teníamos un volumen diario de 5,7
millones de ejemplares de periódicos para una población
de 52 millones de habitantes. Llegamos al siglo XXI con un
tiraje diario de 7,8 millones de periódicos para una
población estimada en más de 170 millones de
personas.
La población
brasileña creció más de 300%, mientras
que el tiraje diario de los periódicos se amplió
apenas 40%, en la última mitad del siglo XX.
Lo más
grave en tal confrontación estadística está
en el hecho de que, en el mismo período, se amplió
la escolarización en todo el país, se redujo
el índice de analfabetismo.14 Concomitantemente, aumentó
el nivel de la renta nacional, creciendo también la
capacidad adquisitiva de las camadas medias de nuestra población.
Pero los tirajes de la prensa diaria vegetaron en niveles
sin expresión.
Esta es la otra
cara de la libertad de la libertad de expresión pública
en Brasil. Ella constituye un privilegio de las elites que
pueden manifestarse libremente a través de modernos
soportes mediáticos. Representa también un privilegio
de las clases medias que fueron educadas para leer, adquiriendo
capacidad de abstracción para participar del banquete
intelectual de la humanidad.
Aún cuando
tengamos acceso a informaciones rápidas, condensadas
y simplificadas que fluyen a través de los medios electrónicos,
los contingentes mayoritarios de nuestra sociedad no asimilaron
los contenidos culturales que les permitieran aprender integralmente
los sentidos diseminados por productos de la industria cultural.
Se encuentran privados de la libertad de expresión
en la medida en que no tienen competencia cognitiva. Marginados
de la cultura letrada, no participan equitativamente de las
oportunidades de ascensión social que la sociedad democrática
les ofrece. Excluidos de la educación avanzada, permanecen
inferiorizados en el acceso a los puestos de trabajos calificados
que surgen en el interior de la economía de mercado.
Todo el esfuerzo que está haciendo el gobierno brasileño
para ampliar las fronteras de la sociedad de la información
en el território nacional15 choca justamente en el
fenómeno de la exclusión comunicacional.
Recientemente
una encuesta del IBOPE16 estima que el universo de la internet
en Brasil alcanza a un sector de 10 millones de usuarios.
Esta cifra es comparable a la de los lectores de periódicos.
Se trata de contingentes superpuestos. Los internautas corresponden
aproximadamente a los ciudadanos que tienen el hábito
de informarse por la prensa.
Es posible que la población usuaria de la web venga
a duplicar o triplicar en el transcurso de esta primera década
del siglo XXI. Pero es probable también que ese crecimiento
no esté relacionado con el mundo de la información,
fortaleciendo la ciudadanía. Deduciendo por los hábitos
preferenciales de los internautas de ese primer ciclo histórico
de la web, que se guían por el inmediatismo utilitarista
o hedonista, trabajaremos con la hipótesis de que la
libertad de prensa no tiende a alargarse en el país.
Justamente por la incapacidad o inapetencia de los nuevos
ciudadanos respecto a la información cotidiana o contextual.
De esta manera, nuestra democracia dejará de ser fortalecida
por la fragilidad de la sociedad civil, por el raquitismo
de la ciudadanía.
La vida democrática
se apoya en la libertad de expresión, entendida como
la expresión plural de las corrientes de pensamiento
que actúan en la sociedad. Pero ella sólo se
robustece cuando el conjunto de la sociedad tiene acceso a
los beneficios de la información pública.
La exclusión comunicacional constituye un serio riesgo
para la estabilidad democrática y consecuentemente
para la gobernabilidad.
Este es el dilema
principal con que nos deparamos en el inicio del nuevo siglo.
Reflexionar sobre él es decisivo para no repetir los
mismos errores históricos que pusieron la libertad
de expresión en un columpio político, alternando
momentos de vigencia plena en los ciclos democráticos
con instantes dramáticos marcados por el primado de
la censura en los ciclos autoritarios.
Cuando una sociedad
preserva el derecho de expresión de sus elites, pero
garantiza, al mismo tiempo, el derecho de información
al conjunto de sus ciudadanos, ella está fortaleciendo
su experiencia democrática y previniendose contra los
retrocesos constitucionales. Solamente un pueblo bien informado
es capaz de escoger gobernantes capaces de convertir la libertad
de expresión en pieza clave del constante perferccionamiento
democrático.
Desafíos
para el futuro17
¿La sociedad de la información ha actuado como
instrumento que amplia el distanciamento de clases y pueblos?
Estamos hablando de la muralla digital entre el norte y el
sur, entre pobres y ricos, como por otro lado, también,
entre pueblos super-informados y sub-informados.
Recordemos el
caso de la Lusofonía, en el momento que el Presidente
Lula visita aquel continente para fortalecer los lazos de
nuestra cooperación internacional.18 Brasil y Portugal
son sociedades que dominan la lengua portuguesa, concentrando
proporcionalmente los mayores contingentes de luso-hablantes
que tienen acceso a los bienes de la sociedad digital. En
cuanto que, los otros seis países que hablan la lengua
portuguesa (Angola, Cabo Verde, Guiné Bissau, Mozambique,
San Tomé e Príncipe, situados en África,
además de Timor, enclavado en la región fronteriza
entre Asia y Oceanía), son absolutamente carentes de
acceso a tales recursos.
Otro grande peligro
es simbolizado por la reducción del espacio público.
En la medida en que el Estado deja de funcionar como árbitro,
como agente regulador, el espacio privado se agiganta, en
detrimento de los intereses colectivos. Ni tanto al cielo,
ni tanto a la tierra. Es necesario avanzar en la construcción
de una sociedad informacionalmente equitativa.
En Brasil, la
muralla digital puede ser ejemplificada a través de
la expansión de la internet. Según la ya mencionada
encuesta realizada por el Ibope - Instituto Brasileño
de Opinión Pública y Estadísticas –
se espera para fines de los años 90 un universo de
9,8 millones de usuarios de la internet. Segundo dados del
IBGE - Instituto Brasileño de Geografía e Estadísticas
- tal segmento habrá alcanzado el nivel de 10,3 millones
de usuarios. Aquí está el mapa de la exclusión.
Es un contingente que corresponde a menos de 7 por ciento
de nuestra población. Por lo tanto, 93% de los brasileños
no llegaron a la edad de la internet. De esos usuarios, apenas
30% están situados en las clases empobrecidas (C y
D).
La internet brasileña
es un canal de comunicación de las elites, de las clases
A y B. En otras palabras, de las clases más favorecidas
y de bolsones privilegiados de la clase media.
Del punto de vista
geográfico, se confirma que 94% del espacio brasileño
está distanciado de la internet. Prestando atención
a los datos del Ibope, apenas 6 por ciento de los municipios
brasileños tienen proveedor de acceso. Siendo así,
del punto de vista geográfico, sólo una minoría
de la población es beneficiaria de la internet.
Superando impasses
Estas son las cuestiones que nos gustaría proponer
para el debate. Volvemos a la tesis central de que la sociedad
de la información debe ser entendida como una práctica
para alcanzar la sociedad del conocimiento.
No es suficiente
quedarnos en la disponibilización de datos, equipamentos,
tecnologías. Urge incrementar procesos cognitivos capaces
de alcanzar toda la población, llevando a cada ciudadano
a usar los contenidos y por lo tanto actuar en la construcción
de una nueva sociedad.
Esta otra sociedad
se fundamenta en la democracia representativa y en la economía
distributiva. Se trata, sin duda alguna, de aquellos cambios
socializados a través del impacto persuasivo de la
comunicación global, cuya fuerza simbólica se
proyectó en América Latina en el sentido de
frenar los ciclos autoritarios que tantos estigmas produjeron
en nuestras sociedades.
Vivenciamos, en
el último decenio del siglo XX, experiencias democráticas
capaces de impulsionar pueblos y comunidades y propensas a
fortalecer el proceso civilizatório al interior de
varios países de la región. Entretanto, la pequeña
velocidad de los flujos de redistribuición de renta,
maniatados por mecanismos ancestralmente arraigados en el
tejido social, puede funcionar como instancia inhibidora del
sentimiento democrático en nuestras poblaciones. En
otras palabras, puede conducir a retrocesos politícamente
indeseables.
Las señales de esa reversión de expectativas
están explícitas en los resultados difundidos
por la edición 2003 de Latinobarómetro.19 El
sondeo de opinión hecho en el período de 18
de julio a 28 de agosto de 2003, en 17 países de América
Latina, demuestra que solamente 28% de los ciudadanos latinoamericanos
están satisfechos con la democracia, entretanto 53%
siguen confiando en el sistema democrático y 64% todavía
creen que la democracia constituye el único camino
capaz de conducir al desarrollo.
En la geografía
latinoamericana, los países cuyas poblaciones reiteran
su confianza en la democracia son: Uruguay (78%) y Costa Rica
(77%). Por otra parte, la erosión de la confianza en
el régimen democrático se muestra más
fuerte en: Guatemala (33%) y en Brasil (35%).
Se trata de una
tendencia que debe ser examinada y reflexionada minuciosamente
por los formadores de opinión pública, detentores
de espacios privilegiados en el sistema mediático,
éticamente responsables por la consolidación
del sistema democrático en nuestro continente, pero
que ni siempre se pautan por la difusión de informaciones
fidedignas y de explicaciones constructivas.
Tales agentes
mediáticos pueden robustecer la inestabilidad política
en nuestro continente, siempre que actúan en el sentido
de descalificar las instituciones democráticas, exigiendo
de los mandatarios legítimamente electos por la población
la realización de cambios estructurales en plazos cortos,
sin obediencia al rito de la legalidad republicana. De esta
manera, inducen las masas desinformadas y deseducadas a cultivar
sentimientos golpistas o salvacionistas.
Talvez la conclusión
asustadora de esa encuesta de opinión pública
esté en el crecimiento de la postura anti democrática
de los ciudadanos latino-americanos.20 Aún cuando la
mayoría continúe creyendo en la democracia,
se comprueba que 53% respaldarían tranquilamente gobiernos
no-democráticos, desde que sean capaces de resolver
los problemas económicos.
Preocupante es
el tamaño que ese sesgo autoritario adquiere en Brasil,
alcanzando 65% de la muestra, ciertamente inmersa en un sentimiento
de desesperanza, reflejado cotidianamente por los medios masivos,
que traducen la frustración delante de la impotencia
del gobierno en el sentido de saldar inmediatamente los compromisos
asumidos en las últimas elecciones nacionales.
Cresce en el continente
el descrédito en relación a las instituciones
tradicionales como la Iglesia, el Ejército o los MCS.
Según el equipo coordinador de la investigación,
‘los latinoamericanos están cada vez más
conscientes de sus derechos, y saben también que esos
derechos no han sido respetados’. Por eso, ‘ahora
ellos se tomaron las calles para exigir aquello que les pertenece’.
(...) ‘La investigación apunta una correlación
entre el mayor acceso a la educación y la inestabilidad
social que se alzó en los últimos años
con la deposición de cuatro presidentes nacionales
motivadas por manifestaciones populares’.21
Otro dato enigmático es aquel que traduce el sentimiento
de desconfianza de los latinoamericanos respecto a sus conciudadanos,
denotando el enflaquecimiento de los lazos de solidaridad
comunal inherente a las sociedades que poblaban la región
antes de la llegada de los colonizadores europeos. Apenas
17% de los latinoamericanos revelan confianza en sus conciudadanos.
Los países
donde la solidaridad grupal o comunitaria persiste como valor
cultivado por fajas expresivas de la población son
Uruguay (36%), Panamá (25%) y Bolivia (21%). En contraposición,
los países más propensos al individualismo son
Brasil (4%), Paraguay (8%) y Chile (10%).
¿Señales
de la globalización acelerada de nuestro continente?
¿Indicios de la cultura post-moderna que permea nuestras
sociedades? ¿Indicadores de una nueva identidad comunitaria
de poblaciones victimadas por la desterritorialización?
Hay una lista
de hipótesis que pueden suscitar el debate, motivando
investigaciones como aquellas que en otros tiempos inspiraron
la corriente efectivamente crítica del pensamiento
comunicacional latinoamericano.22
Conferencia pronunciada
en el Seminario ‘Direitos do Cidadão na Sociedade
da Informação’, promovido por la World
Association for Christian Communication (WACC) en el campus
de la Universidade Metodista de São Paulo (UMESP),
en el día 7 de noviembre de 2003.
Notas
1. Marques de Melo, José – Teoria da Comunicação:
paradigmas latino-americanos, Petrópolis, Vozes, 1998
e História do Pensamento Comunicacional, São
Paulo, Paulus, 2003.
2. La exégesis teológica de ese fenómeno
está presentada en el intrigante nuevo libro de Leonardo
Boff – Civilização Planetária,
São Paulo, Sextante, 2003.
3. Vea: Our Global Neighborhood (The Report of the Commission
on Global Governance), New York, Oxford University Press,
1995
4. Vea: Mattelart, Armand – La Communication-Monde,
Paris, Editions La Decouverte, 1991 (traducción brasileña:
Editora Vozes, Petrópolis, 1994)
5. Vea: Canclini, Nestor Garcia – Consumidores e Cidadãos,
Rio de Janeiro, Editora da UFRJ, 1995
6. Concepto controversial, la post modernidad acaba de ser
cuestionada por figuras de nuestra vanguardia intelectual,
en la separata ‘O pós-modernismo morreu ?’,
publicado por el cuaderno ‘Mais !’ del periódico
Folha de São Paulo, edición de 2/11/2003.
7. Marques de Melo, José – Identidades Culturais
Latino-Americanas em tempo de comunicação global,
São Bernardo do Campo, Editora UMESP, 1996
8. McLuhan, Marshall – The Gutenberg Galaxy: the making
of typograpfic man, Toronto, The University of Toronto Press,
1962 ( traducción brasileña: Companhia Editora
Nacional, 1972)
9. Portela, Arthur – A Galáxia de Bill Gates,
Lisboa, Bizâncio, 1998
10. Fuente: Marques de Melo, José – A esfinge
midiática, São Paulo, Paulus (previsto para
circular em 2004)
11. Marques de Melo, José – Exclusión
comunicacional y democracia mediática: dilema brasileño
en el umbral de la sociedad y la información, Telos
– Cuadernos de Comunicación, Tecnología
y Sociedad (2001): 51- 28-32, Madrid, Fundación Telefónica
12. Fuente: Marques de Melo, José – Jornalismo
Brasileiro, Porto Alegre, Sulina, 2003
13. Marques de Melo, José – A comunicação
na pedagogia de Paulo Freire, In: MARQUES DE MELO & CASTELO
BRANCO, orgs. – Pensamento Comunicacional Brasileiro:
o grupo de São Bernardo, São Bernardo do Campo,
Editora UMESP, 1999, p. 225-246
14. Haciendo un balance de la coyuntura, la contabilidad pública
registra cambios significativos. ‘En el caso de la educación,
el avance fue notable. La proporción de niños
entre 7 y 14 años que no frecuentaban la escuela bajó
de 13,4% para 3,1%, y hubo una disminución expresiva
en todos los demás grupos de edad considerados. Se
destaca el aumento de la escolarización de las mujeres,
de los más pobres y de los negros. La tasa de analfabetismo
bajó de 16,4% para 11,5%, en diez años, y no
volverá a crecer porque ahora los niños están
frecuentando las escuelas’. Cardoso, Fernando Henrique
– Sobre décadas e heranças, O Estado de
S. Paulo, 2/11/2003, p. 2
15. ‘Lo que se sabía con menos claridad era que
en relación al nivel educacional y el acceso a los
medios modernos de comunicación y conocimiento habían
aumentado. Los teléfonos, presentes en 19% de las casas
en 1992, existían en 61,6% en 2002! Es el primer paso
para una expansión aún mayor de acceso a la
internet. De un año para otro, de 2001 para 2002, los
únicos para los cuales hay datos disponibles, las residencias
que disponían de microcomputadores pasaron de 12,6%
para 14,2%, de las cuales 10,3% conectadas a la internet.’
Cardoso, Fernando Henrique – Sobre décadas e
heranças, O Estado de S. Paulo, 2/11/2003, p. 2
16. Instituto Brasileño de Opinión Pública
y Estadística , empresa privada que produce encuestas
y análisis de mercadeo.
17. Fuente: Marques de Melo, José – Jornalismo
Brasileiro, Porto Alegre, Sulina, 2003
18. ‘En la primera etapa de viaje de una semana a países
del Sur de África, el presidente Luiz Inácio
Lula da Silva (...) visita en este domingo los países
de San Tomé y Príncipe y Angola. (...) Es la
primera visita de un presidente brasileño a San Tomé
y Príncipe desde que éste se independizó
de Portugal en 1975. (...) Después de Angola, Lula
sigue para Mozambique, Namíbia y África del
Sur, regresando a Brasil el próximo dia 8.’ Vea:
on line, 0-1/11/2003
19. Estudio realizado anualmente por la Corporación
Latinobarómetro, ONG con sede en Santiago de Chile
y subsidiada por organizaciones internacionales, entidades
gubernamentales, además de empresas privadas. Fuente:
América Latina: cresce confiança na democracia,
O Estado de S. Paulo, 2/11/2003, p. A-23
20. Fuente: AL está infeliz con democracia y mercado,
Folha de S. Paulo, 1/11/2003, p. A14
21. Mulligan, Mark – Latinoamericanos confían
menos en la Iglesia, en los militares y en libre mercado,
Financial Times, Londres, edición on line, 01/11/2003
(Fuente: UOL Mídia Global)
22. Vea: Marques de Melo & Gobbi- Gênese do Pensamento
Comunicacional Latino-Americano: o protagonismo das instituições
pioneiras, São Bernardo do Campo, Editora UMESP, 2001
e Marques de Melo, Gobbi & Kunsch – Matrizes comunicacionais
latino-americanas: Marxismo e Cristianismo, São Bernardo
do Campo, Editora UMESP, 2002
José Marques de Melo es Professor Emérito de
la Universidad de São Paulo, dirige atualmente la Cátedra
UNESCO de Comunicación para el Desarrollo Regional
en la Universidad Metodista de São Paulo. Fue Presidente
de la Asociación Latinoamericana de Investigadores
de la Comunicación (ALAIC), durante el trienio 1989/1992,
y Vice Presidente de la International Association for Media
and Communication Research (IAMCR), durante el cuatrienio
1992/1996. Preside hoy la Asociación Iberoamericana
de Comunicación (IBERCOM).
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