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Comunicación
y poder en américa latina.
Las ideas de MacBride en el ocaso de la guerra fría
José
Marques de Melo
Fonte:
Telos, nº 33, Madrid, FUNDESCO, 1993, p. 18-23
ISSN 0213-084X
A diez
años de su publicación, los objetivos del Informe
MacBride siguen vigentes. Pero la experiencia de América
Latina debe conducir a una profunda revisión de su
búsqueda y aplicación.
1. MACBRIDE Y LA GUERRA FRIA
Diez
años después de su publicación, el Informe
MacBride permanece actual. Sus tesis continúan siendo
válidas. Sus metas persisten vigorosas. Sus utopías
aguardan terreno fértil para florecer. Entonces, ¿por
qué las barreras y los obstáculos encontrados?
¿Por qué la UNESCO se vio en la incertidumbre
de postergar su viabilización?
En realidad,
las ideas contenidas en el documento producido bajo el liderazgo
de Sean MacBride nunca fueron combatidas en esencia. Sólo
fueron rechazadas por la apariencia, provocando un huracán
que casi desestabilizó a la UNESCO.
La coyuntura política les fue desfavorable. En los
estertores de la guerra fría, las grandes potencias
occidentales dictaron su sentencia de muerte. Y presidieron,
en estilo pomposo, su precoz funeral.
Vale la pena rescatar el sentido original del proyecto para
reevaluarlo en esta fase de transición del contexto
internacional.
La esencia de las propuestas de la comisión MacBride
se encuentra consolidada en la Resolución de Belgrado,
aprobada por la 32a. Sesión de la Conferencia General
de la UNESCO, en octubre de 1980 (1). Contiene once principios,
en los cuales debería fundamentarse el NOMIC - Nuevo
Orden Mundial de la Comunicación y de la Información:
1) Eliminación
de los desequilibrios y desigualdades que caracterizan la
situación vigente.
2) Eliminación de los efectos negativos de determinados
monopolios, públicos o privados, y de las excesivas
concentraciones.
3) Remover de los obstáculos internos y externos para
un libre flujo y más amplia y equilibrada diseminación
de informaciones e ideas.
4) Pluralidad de fuentes y canales de información.
5) Libertad de prensa y de información.
6) Libertad para los periodistas y todos los profesionales,
en los medios de comunicación, una libertad inseparable
de la responsabilidad.
7) Preparación de los países en desarrollo para
lograr mejoras en sus propias situaciones, sobre todo en lo
que respecta a la adquisición de equipamiento propio,
capacitación del personal, recuperación de infraestructura,
además de tornar sus medios de información y
de comunicación sintonizados con sus propias necesidades
y aspiraciones.
8) Compromiso sincero de los países desarrollados para
ayudarlos a alcanzar dichos objetivos.
9) Respeto a la identidad cultural de cada pueblo y al derecho
de cada nación para informar el público internacional
sobre sus intereses, aspiraciones y respectivos valores sociales
y culturales.
10) Respeto al derecho de todos los pueblos para participar
del intercambio internacional de información, basándose
en la igualdad, justicia y beneficio mutuo.
11) Respeto al derecho de la colectividad, así como
de los grupos étnicos y sociales, para tener acceso
a las fuentes de información y participar activamente
en los flujos de comunicación.
MacBride
tenía conciencia de que el NOMIC no se agotaba en un
conjunto de preceptos mágicos, correspondiendo efectivamente
a un proceso histórico. "Los aspectos de ese proceso
se modificarán constantemente, mientras que los objetivos
continuarán siendo los mismos: mayor justicia, mayor
equidad, mayor reciprocidad en el intercambio de información,
menor dependencia en relación a las corrientes de comunicación,
menor difusión del mensaje en sentido descendente,
mayor auto-suficiencia e identidad cultural y mayor número
de ventajas para toda la humanidad".
Por eso,
él recomienda prudencia, paciencia y persistencia:
"Se tendrá que caminar paso a paso, llenarse de
paciencia y recorrer un largo itinerario antes de poder crear
nuevas estructuras, aplicar nuevos métodos y generar
una nueva mentalidad" (2).
Una falsa
imagen internacional
La imagen
construída en nuestro continente en relación
al Informe MacBride y al NOMIC se aleja completamente de sus
intenciones y de sus propósitos. De ahí la oposición
manifestada por los grandes medios y el silencio con que fue
recibida por los gobiernos o la indiferencia que suscitó
en los intelectuales. Su enjuiciamiento y condenación
ocurrieron a partir del "mito MacBride", diseminado
masivamente por la "retórica" del Gobierno
de los USA. Se trata de una "retórica" elaborada
para resistir a los "excesos retóricos" de
la UNESCO, como bien los define William Harley, portavoz del
Departamento de Estado norteamericano para asuntos de comunicación
(3).
Harley
explica que la retirada de los Estados Unidos de la UNESCO
no se debió exclusivamente al NOMIC, pero éste
tuvo un peso decisivo. Su análisis apunta dos motivaciones
políticas: a) La supremacía cuantitativa de
las naciones del Tercer Mundo, después de la descolonización
de Africa y de Asia,en los años 70, convirtiendo la
UNESCO en un organismo dominado por los intereses de los países
no alineados; b) La habilidad de la Unión Soviética
para seducir a esa mayoría de jóvenes naciones,
conquistándolas en las conferencias generales de la
UNESCO para la aceptación de principios estatizantes
en el campo de la comunicación y de la cultura, rechazando
las reglas del libre mercado.
Es cierto
que Harley reconoce la postura imparcial de la UNESCO en sus
documentos y declaraciones oficiales, basándose siempre
en el pluralismo que caracteriza los organismos intergubernamentales
encabezados por la ONU. Pero insiste en la tesis de que la
UNESCO, no obstante el discurso público orientado por
el consenso, alimentaba una actitud beligerante en el seno
de su burocracia, reclutando asesores "tercer-mundistas"
comprometidos con ideas anti-occidentales -"colonización
informativa, imperialismo cultural, desequilibrio noticioso
y de flujo informativo entre Norte y Sur, además de
la supuesta manipulación o de la cobertura desfavorable
sobre el Tercer Mundo en los Media occidentales".
El rompimiento
con la UNESCO fue la estrategia encontrada por los Estados
Unidos, contando con el refuerzo de Japón y de Inglaterra,
para hacer inviable el avance de aquellas tesis "tercer-mundistas"
que habían sido expurgadas del Informe MacBride. Según
William Harley, la UNESCO se valió del PIDC -Programa
Internacional para el Desarrollo de la Comunicación-
con la finalidad de patrocinar "estudios y reuniones
potencialmente capaces de comenzar futuras acciones que pueden
conducir al control de la prensa o a modelos represivos".
Una nueva
estratégia de comunicación
La retirada
de las grandes potencias capitalistas significó un
rudo golpe para la implementación del NOMIC, pues la
UNESCO se vio desprovista del monto financiero necesario para
viabilizar algunas de las metas proyectadas para los años
80. La reciente elección del español Federico
Mayor para el cargo de director-general de la UNESCO y la
formulación de una "nueva estrategia en materia
de comunicación" (4) se sitúan entre las
tentativas de apaciguar los ánimos y lograr el retorno
de los países alejados voluntariamente de aquella organización
internacional.
La nueva estrategia de la UNESCO va a surgir también
en un momento histórico marcado por el fin de la guerra
fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética
dialogan para superar la confrontación que acarreaba
la división del mundo en dos áreas de influencia
geo-política. La perestroika de Gorbachev y la auto-crítica
realizada por los líderes soviéticos sobre las
equivocaciones cometidas por el "triunfalismo comunista"
afectan sensiblemente el ánimo de los defensores del
NOMIC en los países del Tercer Mundo. La caída
del Muro de Berlín y la derrota electoral de los Sandinistas
influyen en las actitudes de los investigadores y de los comunicadores
progresistas, llevándolos a revisar tácticas
políticas.
Reflejo
de ello es la aceptación por consensos de la "nueva
estrategia de comunicación" aprobada por la 25a.
Conferencia General de la UNESCO. Aún permaneciendo
fiel a los ideales del Informe MacBride, existe un claro retroceso
retórico, implícito en las palabras de Federico
Mayor: "Esta evolución es sumamente importante
para la Organización, que podrá salir de las
ásperas controversias de los últimos años.
Al adoptar esa nueva estrategia de comunicación, los
Estados Miembros optaron claramente por inscribir a la UNESCO
en la vía de la libertad y de la solidaridad".
(...) "
La situación
evoluciona de tal modo que los progresos de la libre circulación
incluyen no sólo las relaciones norte-sur y este-oeste
sino también las relaciones oeste-oeste". Basándose
en la unanimidad existente sobre la reducción de las
desigualdades comunicacionales entre los países y los
desequilibrios en los intercambios internacionales y nacionales
de información, el nuevo Director-General de la UNESCO
formula una postura concreta: -"Ayudar a los países
en desarrollo a reforzar sus capacidades de comunicación,
desarrollando infra-estructuras, formando personal capacitado
y utilizando tecnologías apropiadas" (5).
Las actitudes
de los investigadores de la comunicación ante el nuevo
discurso de la UNESCO oscilan entre el pesimismo y el realismo.
Herbert Schiller, por ejemplo, se muestra inconforme: "El
movimiento por un nuevo orden internacional de información
está actualmente en eclipse" (6). Collen Roach
advierte que la "UNESCO puede ser usada para promover
ventas de tecnología" (7). Rafael Roncagliolo
pragmáticamente reconoce: "Es obvio que en nuestros
días las circunstancias son muy distintas. El contexto
internacional, que venía modificándose desde
el clímax de la crisis económica y de la deuda,
desembocó, en el último año, y en particular
debido a la situación europea, en una saludable distensión,
que, lamentablemente acarrea una mayor marginalización
del Tercer Mundo (...). Pero, al mismo tiempo, la expansión
de la revolución tecnológica a escala mundial
baratea los equipamientos de comunicación. Hoy es técnicamente
posible multiplicar los canales de transmisión y recepción
(...) ¿Por qué no utilizar las nuevas tecnologías
para democratizar las comunicaciones, incrementando el número
y la pluralidad de aquellos que producen y transmiten mensajes?"
(8) En la misma línea de razonamiento se sitúa
Kaarle Nordestreng: "La única diferencia notable
en relación a los antiguos programas de la UNESCO es
un énfasis retórico en la libertad, independencia
y pluralismo de los medios de comunicación". (...)
"El cambio no es crucial". (...) "Es una ilusión
concluir cínicamente que ahora todo está perdido.
La UNESCO fue y sigue siendo una ensalada-mixta un fórum
abierto a varias fuerzas políticas que se fortalecen
mutuamente"(9).
El nuevo plan de la UNESCO para el quinquenio 1990-1995 contiene
cuatro metas bien definidas:
1) Inversiones
en infraestructura, ampliando y modernizando las redes de
comunicaciones de los países en desarrollo.
2) Capacitación de recursos humanos, priorizando la
producción educativa, la selección de tecnologías
apropiadas y la investigación aplicada.
3) Realización de estudios sobre el impacto socio-cultural
de los medios de comunicación de masas y de las nuevas
tecnologías en la identidad cultural de los pueblos.
4) Desarrollo de programas destinados a educar a los usuarios
de los medios de comunicación, preparándolos
para escoger críticamente los mensajes disponibles,
para reaccionar a las posibles manipulaciones y para defender
sus derechos como ciudadanos (10).
2. MACBRIDE
Y EL ESPÍRITU DE BUENA VOLUNTAD
Si bien
es cierto que las tesis del NOMIC, mencionadas en el Informe
MacBride, continúan siendo válidas y merecen
un rescate eficaz en América Latina, también
es correcto afirmar que cualquier acción en ese sentido
requiere una auto-crítica profunda de la comunidad
académica y profesional que la viene respaldando con
un sentimiento de naturaleza socialista.
Urge
repensar nuestra conducta intelectual a partir de las alteraciones
radicales que se procesan en el escenario político
actual. La reconquista de la democracia nos ofrece un espacio
favorable para revisar nuestros métodos de actuación
y nuestros propósitos para la construcción de
un mundo nuevo, marcado por la justicia, la solidaridad y
el pluralismo.
El paso
decisivo es la sustitución del radicalismo retórico,
imbuído de una cierta dosis de prisa transformadora,
por un lenguaje pacífico, capaz de aprehender contradicciones
pero también de respetar las divergencias. En ese sentido,
vale la pena anotar dos lecciones que emergen de la lucha
de Gorvachev para reestructurar el socialismo en la URSS:
"Nosotros no renunciamos al socialismo, sino a todo lo
que le es ajeno. Al mismo tiempo nos libramos también
de las ilusiones inspiradas por la impaciencia revolucionaria,
del afán de instigar y acelerar la marcha de la Historia.
Necesitamos meditar a fondo sobre las deducciones conceptuales
y filosóficas que de allí provienen. Una cosa,
sin embargo, está clara (y eso está confirmado
por nuestra experiencia): el socialismo no puede ser implantado
por la violencia. El socialismo forzado es funesto para el
ideal socialista, es una profanación".
"Ciertamente,
crear el socialismo con el consentimiento y el respeto a los
derechos e intereses de todos los grupos sociales es más
complicado que obligar a las personas a llevar por la fuerza
un modo de vida semejante al de un cuartel. El paso de las
actitudes compulsivo-administrativas a las democracias es
extraordinariamente complejo y doloroso. (...) Pero no existe
otro camino. Es preciso crear premisas políticas para
esclarecer las contradicciones, resolver los problemas mediante
el diálogo, buscar el consenso, conciliar los intereses
apoyándose en la legalidad democrática y en
el orden jurídico. Nos alienta la certeza de que este
camino no conduce a la disgregación de la sociedad,
sino a la creación de otra nueva, aunque sea a través
de la crisis, al saneamiento de la vida. Es el camino del
progreso real" (11).
Pero no se muda la retórica, sin que haya un cambio
de postura académica. Y necesariamente ese cambio de
actitud presupone la distinción entre el trabajo de
investigación y la militancia política. Lo que
no significa defender un comportamiento ideológicamente
neutro como científico. Eso implica, sí, una
conducta de honestidad intelectual, observando la realidad
con el rigor que exige la producción científica,
eliminando las desviaciones analíticas. Estas, generalmente,
camuflan las "convicciones" deseadas pero no siempre
son confirmadas por el uso de metodologías legitimadas
por la comunidad académica internacional.
Es necesario
ver con atención, en el caso latinoamericano, las experiencias
de investigación-denuncia, investigación-acción,
investigación-participación,entendiéndolas
como alternativas marcadas por la coyuntura de resistencia
al autoritarismo de las décadas de los años
70 y 80, pero que se desgastaron por las distorsiones metodológicas
emprendidas por investigadores ingenuamente convertidos en
misioneros de causas nobles, tornándose cómplices
de una desvalorización de la actividad científica.
Por eso mismo, perdieron la credibilidad y dejaron de contribuir
como científicos a la construcción de un nuevo
orden de la comunicación.
Revisiones
necesarias
También
es necesario reconsiderar algunas de las estrategias que sirvieron
de base al movimiento latinoamericano de sustentación
del NOMIC:
1) En
el campo de las políticas de comunicación predominó
una visión estatizante, en detrimento de la postura
dirigida al fortalecimiento de la sociedad civil. Esa tendencia
se fundamenta, por un lado, en las experiencias de radiodifusión
pública de Europa Occidental, en oposición al
modelo privatista desarrollado en los Estados Unidos.
Por otro
lado, se alimentaba de la apariencia democratizante pregonada
por los gobiernos del Este Europeo, que insinuaban el mantenimiento
de sistemas de comunicación ejercidos con la participación
de las masas trabajadoras, pero en realidad controlados por
el partido único y censurados por la burocracia estatal.
La propia Historia se encargó de demostrar que las
iniciativas de apropiación de los Medios por los gobiernos
nacionalistas o populistas del continente redundaron en proyectos
manipuladores de la opinión pública, al servicio
de los ocupantes del poder. Más fructíferas
fueron las experiencias de comunicación alternativa
y popular ejecutadas por grupos comunitarios, por los sindicatos,
iglesias y movimientos populares, que contribuyeron significativamente
a la derrota de los regímenes militares.
2) Esa
desviación estatizante funcionó también
como bloqueo para la comprensión de las contradicciones
que marcan la fisonomía de los medios de comunicación
mantenidos por la iniciativa privada. Impidió también
el reconocimiento del nuevo orden de comunicación que
se construía en algunas de esas redes masivas, a través
del incremento de la producción endógena, en
sustitución a la producción importada. Naturalmente
ese proceso fue regulado por las leyes de la oferta y la demanda,
tornándose hegemónicos aquellos productos que
encontraron sintonía con las expectativas de los segmentos
intelectualizados de la población.
3) El
rechazo a lo masivo, que fructificó en diversos núcleos
intelectuales seducidos por unas ideas frankfurtianas asimiladas
acríticamente, provocó una sobrevaloración
de lo popular comprometido. Gracias al flujo financiero desencadenado
por los nuevos mecenas eclesiásticos, sindicales y
partidistas de Europa Occidental, proliferaron en la región
experiencias abundantes de comunicación comunitaria,
ejercidas por intelectuales orgánicos.
Muchas
de las iniciativas fracasaron cuando los patrocinadores europeos
suspendieron las remesas en monedas fuertes o cuando los propios
intelectuales enfrentaron resistencias de las poblaciones
beneficiadas, que rechazaban tutelas externas. Las experiencias
victoriosas, y que continúan subsistiendo con fuerza,
son las que nacieron dentro de los propios movimientos sociales
y que recurrieron a formas de auto-gestión de producción
y emisión.
Necesario
es reconocer que el aura de la comunicación dialógica,
atribuída a tantos medios alternativos de comunicación
de América Latina y que impresionaron mucho a sus subvencionadores
del otro lado del Atlántico, no está siendo
confirmada por la observación empírica de algunos
investigadores competentes y fiables. El supuesto diálogo
encubre manipulaciones hábilmente conducidas por los
adeptos del centralismo democrático o de la creencia
evangélica. Bajo el ropaje de un nuevo orden comunicacional
permanece el viejo orden informativo, en escala menor, pero
poco diferente de los artificios populistas vigentes a mediados
de este siglo.
4) Esa
tensión entre lo popular y lo masivo contaminó
los programas universitarios de formación de los comunicadores.
Muchas escuelas y facultades de comunicación sucumbieron
a la apelación de lo alternativo y priorizaron esa
tendencia en las respectivas estructuras curriculares. Esto
fue agravado por la desviación estatizante de las políticas
de comunicación, defendidas por los sectores progresistas,
lo que contribuyó a crear un abismo entre las universidades
y la industria cultural.
Se estableció, por tanto, un antagonismo entre las
premisas del Informe MacBride y las funciones desempeñadas
por las escuelas de comunicación, que dejaron de formar
profesionales competentes, enfatizando la preparación
para las tareas de investigación o para el manejo de
los medios alternativos.
En los
países en que existía una reserva de mercado
para las profesiones de comunicación social ese desfase
entre escuela-empresa se tornó conflictiva, generando
campañas de descrédito de las escuelas de comunicación.
No preparadas
para absorber las innovaciones tecnológicas peculiares
a la sociedad informatizada, las escuelas de comunicación
están siendo cuestionadas por el sector empresarial
y en muchos casos por las propias asociaciones profesionales.
Es sintomático
que las ideas originales del NOMIC, consolidadas en el Informe
MacBride no hayan penetrado los curriculum de dos tercios
de las instituciones universitarias del sector conforme observó
Hamid Mowlana en estudio sobre el tema (12).
5) Se deduce ciertamente de esa ausencia de estudios y debates
sobre el Informe MacBride, en las escuelas latinoamericanas
de comunicación, la frágil sustentación
que las tesis del NOMIC merecieron en los Medios de la región,
durante los años 80. La prevalencia de los puntos de
vista de la SIP -Sociedad Iberoamericana de Prensa- y de la
AIR -Asociación Interamericana de Radiodifusión-
no puede ser entendida exclusivamente por la hegemonía
editorial de que disponen los propietarios de periódicos.
Ha sido
tradición lationamericana la preservación de
espacios periodísticos para la emisión de opiniones
de los profesionales asalariados, aunque sean discordantes
de las ideas defendidas por sus patrones. En el caso del NOMIC
fue muy escasa la defensa de los postulados del Informe MacBride,lo
que impidió que la opinión pública tomara
conocimiento de las motivaciones de la UNESCO.
Es verdad
que muchos periodistas alineados a la izquierda, y por tanto
muy próximos a la corriente internacional defensora
del informe MacBride, ofrecieron resistencia a dar respaldo
a las tesis del NOMIC por su retórica estatizante.
Esos profesionales temían fortalecer a los gobiernos
autoritarios que dominaban varios países de la región,
debilitanto la resistencia de la sociedad civil, inclusive
de facciones empresariales que les ofrecían oposición
cerrada (13).
6) Sin lograr una difusión amplia en la prensa, las
tesis del NOMIC no galvanizaron las corrientes vivas de la
sociedad latinoamericana. Les faltó respaldo sindical,
partidario e inclusive académico. No comparto el triunfalismo
de Antonio Pasquali al proclamar que "América
Latina es una de las regiones donde las tesis del NOMIC recibieron
apoyo significativo, tanto del sector público como
del privado, de los profesionales de la comunicación,
de las comunidades científica y religiosa y de los
investigadores" (14).
En realidad,
el debate sobre el NOMIC se quedó restringido a los
gabinetes ministeriales y a los círculos intelectuales
que gravitan en el escenario internacional, sin movilizar
a los auténticos líderes de la sociedad civil.
Solamente la Iglesia Católica inició un trabajo
en esa dirección, acompañada minoritariamente
por sectores evangélicos, pero sin penetrar en sus
bases eclesiales (15). Ese trabajo necesariamente tendrá
que ser realizado, comenzando por los líderes partidarios
de todos los matices, sin dejar de comprometer también
a los sectores empresariales, cuyos negocios en el ámbito
de la industria cultural pueden ser beneficiados por el intercambio
sur-sur que se esboza en los proyectos de integración
latinoamericana.
7) Las
perspectivas de ampliación del mercado de bienes simbólicos
en el continente, a partir de las experiencias de éxito
de empresas como Globo y Televisa en el mercado internacional,
constituyen evidencia actual de las tesis del Informe MacBride.
De la misma manera que esas dos corporaciones,además
de otras de menor alcance, consiguieron ocupar espacios en
el mercado mundial, fortaleciendo un embrionario flujo de
exportación sur-norte a través de las telenovelas
y otros géneros televisuales, es posible expandir la
circulación de mercancías culturales latinoamericanas,
dentro de la propia región. La iniciativa de los ministros
de cultura del continente, en el encuentro de Río de
Janeiro, en 1989, debe merecer todo el respaldo gubernamental
y empresarial (16).
8) Finalmente,
cabe repensar el propio alcance del NOMIC, o sea, la idea
de que un nuevo orden mundial de la información puede
generar un nuevo orden económico munidal. Fue ésta
la motivación de los dirigentes de los países
no-alineados al lanzar la propuesta del NOMIC, en 1973, convencidos
de que una relación más equilibrada Norte-Sur
pasaba por la alteración de las pautas de los grandes
medios de comunicación, poco sensibles a los problemas
y angustias de los países en desarrollo (17).
Se trata, a mi parecer, de una falsa pregunta, basada en la
creencia de la omnipotencia de los mass media. No basta el
voluntarismo de la industria cultural para producir alteraciones
en las sociedades. Los medios ejercen influencia, pero no
determinan rupturas históricas.
Estas
ocurren como producto de las contradicciones socio-económicas,
que asumen dimensiones políticas incontrolables en
coyunturas especiales. En esos momentos, el papel de los medios
es decisivo, como resultó evidente en los episodios
que marcaron la caída del "socialismo real"
en Europa del Este. Sobre todo, hoy, "en la sociedad
de comunicaciones globales, de los mass media, de los viajes
y de la economía transnacional", a que se refiere
Hobsbawn (18).
Pero
es preciso relativizar el papel de los medios de comunicación,
como mediadores sociales y como catalizadores de situaciones
políticas pre-existentes. Nunca como agentes revolucionarios,
capaces de producir transformaciones independientes de las
fuerzas vivas en confrontación en una sociedad.
El fracaso
relativo del NOMIC puede ser explicado también por
la falta de apoyo en las aspiraciones de las colectividades
que pretendían beneficiar ¿Una idea lanzada
antes de tiempo? Vale la pena profundizar la reflexión
sobre ese aspecto del problema, principalmente ahora, cuando
la deseada superación de la guerra fría y la
emergencia de un clima propicio a la construcción de
un mundo nuevo, suscita la inevitabilidad de un nuevo orden
económico como requisito para la preservación
de la paz entre las naciones (19).
Las nuevas
formas de cooperación entre los países ricos
y los países pobres no pueden resumirse en la ecuación
de los problemas de la infra-estructura económica,
ya que presupone también el reequilibrio en los intercambios
culturales e informativos. Este es un momento propicio para
que las tesis del NOMIC sean retomadas, reevaluadas en función
de las alteraciones del cuadro mundial e implementadas en
el meollo del realineamiento político y económico
en proceso.
MacBride
confesó la falta de consenso, en la comisión
de la UNESCO por él presidida, para dar sentido a la
expresión Nuevo Orden. "A pesar de esas divergencias,
no hubo un solo miembro de la Comisión que no estuviese
convencido de la necesidad de efectuar reformas de estructura
en el sector de la comunicación y de que el orden actual
es inaceptable".
Pero
él se empeñó en lograr el consenso para
la aprobación del Informe final, publicado por la UNESCO
bajo el título Un solo mundo, voces múltiples,
ofreciéndolo como paradigma para la construcción
del NOMIC. ¿Cuál fue la fórmula utilizada
por el político irlandés para obtener el consenso?
Sean MacBride dijo que fue muy simple: ¡recurrió
al espíritu de buena voluntad! Y conluyó, vaticinando:
"si los futuros diálogos fueran regidos por ese
mismo espíritu de buena voluntad, será posible
construir un nuevo orden en beneficio de la humanidad"
(20).
El momento histórico se configura propicio para dar
vida a las ideas forjadas por el espíritu conciliador
de MacBride. La Carta de París, recién aprobada
por la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en
Europa, ofrece indicios alentadores (21).
Particularmente
en el caso latinoamericano, se torna indispensable que los
hombres y mujeres de buena voluntad mediten seriamente sobre
la exhortación de Alain Touraine en el final de su
libro Palabra y Sangre:
"No
habiendo cedido, en ningún instante, a al ilusión
de una visión ética de la historia latinoamericana,
no habiendo jamás mostrado al pueblo, a las masas,
a los campesinos pobres o al proletariado industrial avanzando
victoriosamente para la toma del poder, y, habiendo destacado
varias veces la extraña fragilidad de los movimientos
y de los partidos revolucionarios, así como la dependencia
de los actores sociales con respecto a las intervenciones
del Estado, yo me siento libre para recordar que la heteronomía
de los actores sociales no significa su ausencia y no nos
autoriza a aumentar, entre demandas sociales y ofertas políticas,
la separación introducida por los que ven la política
como un mercado donde el poder desempeña el papel del
dinero.
El actor
social 'consciente y organizado' casi no existe en América
Latina. Sin embargo, el actor social amalgamado con fuerzas
políticas y protestas morales está presente
en toda ella. Neoliberales que sólo hablan de instituciones
y radicales que hablan apenas de imperialismo participan de
la misma persecución de los actores sociales que, desde
hace treinta años, es el gran pasatiempo de las ciencias
sociales. Y, sin embargo, estos actores están allí,
a veces unidos en la defensa comunitaria y en la expresión
religiosa, a veces manipulados por los aparatos o líderes
políticos, pero presentes lo bastante como para que
no se puedan separar los mecanismos políticos de los
problemas, de las reivindicaciones y de los movimientos sociales.
Los que oponen los movimientos sociales a la democracia son
ciegos y preparan la destrucción de los primeros por
un poder autoritario.
Pero
los que hablan sólamente de instituciones y de reglas
del juego construyen sobre arena. Evidentemente el futuro
de América Latina depende en parte del futuro de la
economía mundial y en parte también de su propia
capacidad para construir democracias representativas.
Pero
depende, sobre todo, de la transformación de las demandas
sociales en acción política, de las protestas
morales en reformas, de la conciencia nacional en voluntad
de modernización.
Aunque
los actores son débiles, ausentes o desarticulados,
es siempre en términos de actores y de capacidad de
acción donde se sitúan los problemas de América
Latina"(22).
(1) "Resolution
adopted by the general conference of UNESCO at its twenty-first
session", in Shea, D. y Jarrett, W. Mass communication
in Americas. Focus on the new world information and communication
order, The Center for Latin America University of Wisconsin-Milwaukee,
1984, págs. 82-83.
(2) Macbride, Sean, prólogo en UNESCO - Um mundo e
muitas vozes, Río de Janeiro, Editora de la Fundación
Getúlio Vargas, 1983, pág. XIII.
(3) Harley, William G, "United States concerns with the
Unesco Communication Programs", en Shea y Jarret, ob.
cit., págs. 16-27.
(4) "Communication in the Service of Humanity, Unesco's
new plan" Media Development 3, Londres, Wacc, 1990, págs.
23-24.
(5) UNESCO, "Nueva estrategia en materia de comunicación",
Boletín ALAIC 2, San Pablo, Alaic, 1990, págs.
26-30.
(6) Shiller, Herbert I., "Forgetful and short -sighted-
what hope the future?", Media Development 3, Londres,
Wacc, 1990, págs. 26-27.
(7) Roach, Collen, "Limitations and news posibilities",
Media Development 3, Londres, Wacc, 1990, págs. 28-30.
(8) Roncagliolo, Rafael, "Tejiendo un nuevo orden",
Media Development 3, Londres, Wacc, 1990, págs. 34-35.
(9) Nordestreng, Kaarle, "From compromise to compromise",
Media Development 3, Londres, Wacc, 1990, págs. 36-37.
(10) "Communication in the Service of Humanity",
Media Development 3, Londres, Wacc, 1990, págs. 23-24.
(11) Gorbachev, Mijail, "El mundo futuro y el socialismo",
El socialismo del futuro 1:1, Fundación Sistema, Madrid,
1990, págs. 10-11.
(12) Mowlana, Hamid, Aspects of the Mass Media Declaration
of Unesco, Budapest, IAMCR, 1989, pág. 29.
(13) Marqués de Melo, José, "Comunicaçao
da massa na Nova República: Transiçao sem Mundança",
en Comunicaçao: Direito à informaçao,
Campinas, Papirus, 1986, págs. 23-38.
(14) Pasqual, Antonio, "What UNESCO hopes accomplish
in Latin America", en Shea y Jarrett, ob. cit., pág.
12.
(15) Marqués de Melo, José, "Igreja e nova
ordem mundial da informaçao, Para uma leitura crítica
da comunicaçao, San Pablo, Paulinas, 1985, págs.
139-164.
(16) Marqués de Melo, José, "Comunicación
Audiovisual y Desarrollo Latinoamericano", texto preparado
para el simposium Perspectivas sobre el Espacio Audiovisual
Larinoamericano. Promovido por ULCRA, México, 1989.
(17) Vigevani, Tullo, "Nova Ordem Mundial da Comunicaçao",
en Queiroz e Silva, Roberto P. de, Temas básicos em
comunicaçao, San Pablo, Paulinas. INTERCOM, 1983, págs.
197-201.
(18) Hosbawn, Eric, "1989- o que sobrou para os vitoriosos",
Folha de S. Paulo, 12/11/90, pág. 3.
(19) Lapouge, Gilles, "Nova ordem mundial começa
na Europa", O Estado de S. Paulo, 18/11/90, pág.
16.
(20) Macbride, Sean, prólogo, ob. cit., pág.
XVI.
(21) Arbex, José, "Carta de Paris consagra mercado
e democracia", Folha de S. Paulo, 22/11/90, pág.
A-20.
(22) Touraine, Alain, Palavra e Sangue -Política e
Sociedade na América Latina. San Pablo, Trajetória
Cultural, 1989, págs. 537-538.
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